Puede decirse que las sombras tejían una telaraña protectora, una especie malla o reja invisible que alejaría o espantaría a los fantasmas de la picota especulativa, pero nó el amor no fue más fuerte y un horrible elefante blanco sin gracia alguna reemplazó a ésta casita llena de frutales añejos. En el día de la bandera, un reproche a los derribadores de sueños en pos de una modernidad edilicia más cercana a la peor estética funeraria. Vieja casita con añejos frutales, estarás siempre en mi corazón.
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